Historias

del Bosque Mágico Fuente del Pino
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OKUPA.

    Llegó el gnomo Faustino desde tierras lejanas, montado en una liebre. Buscaba un lugar, un escondite donde descansar y no ser visto por humanos o algún gran animal. Buscaba la casa ideal donde guarecerse en invierno.

    Se acercó a una alta montañita de tierra con agujero en la cima, casi como un volcán. Cuando fue a asomarse salió una hilera de hormigas formando barricada a su alrededor.

    - ¡Alto cantamañanas! ¿cómo te atreves a entrar en nuestro hormiguero?.
    - Ah! que es un hormiguero. Disculpa, estoy buscando refugio y como no escuché nada, pensé que no vivía nadie en este interesante volcán.
    - Todos los animales saben que esta montaña de tierra y pinocha cubre los laberintos internos donde cuidamos a nuestra reina hormiga y nos comunicamos por ultrasonidos difícil de escuchar.
    - Disculpen mi error. No volveré a pisar un hormiguero.

    Faustino siguió su camino. Caminando, caminando, por el bosque, pronto descubrió un agujero de tamaño mediano y algo profundo. Gritó en la puerta para asegurarse que no había nadie.

    - ¡Eo Eo!! ¿hay alguien ahí?.. y respondió el eco del fondo de la cueva: Eooo.

    No había nadie, Confirmado. Se acomodó, y empezó a sacar la merienda que llevaba en su mochila.

    Al poco rato, aparece un zorro con una larga y frondosa cola. Al oler al intruso que había entrado en su madriguera, casi, casi, se lo zampa de un bocado, menos mal que el gnomo salió avispado trepando por el árbol de al lado, dejando su merienda de regalo.

    - Todos los animales saben que es mi madriguera. Gruñó el zorro enfadado. Cantamañanas, ¿es qué no sabes oler?. Cada madriguera tiene su propietario.
    -Disculpe señor zorro, no dispongo de tan buen olfato. No volveré a entrar en ninguna madriguera.

    Ahí arriba en el árbol, descubrió un hueco pequeño apropiado a su tamaño. Era perfecto.
    - ¿Hay alguien ahí? No respondió nadie. Tampoco olió nada.

    Había algunas plumas, así que preparó una cama suave y mullidita. Cuando estaba a punto de ponerse ya a roncar, de repente, entró por el hueco, un gran pico que le metía saltamontes en la boca.
    - ¡Agg! ¡qué asco! ¿qué es esto?. Disculpe, pero yo no soy un pájaro.
   - Pero entonces, ¿qué hace en nuestro nido?. Preguntó el ave insectívora. Cantamañanas, todos los animales saben que en los huecos de los árboles con paja, ramitas y plumas preparamos nuestro nido. ¡Márchate de aquí pajarraco!.
   - Disculpe mi confusión, solo busco refugio para pasar el frío invierno.
   - Cada animal tiene su lugar, le respondió el ave. La abeja en la colmena, el caracol en la concha que lleva a cuesta. En la torre la cigüeña. Tu tendrás que buscar tu lugar y dejar de ocupar el lugar de otros.

   Dicho y hecho. El gnomo buscó cosas por aquí y por allá.. ramitas, hojas.. y se construyó una pequeña cabaña con chimeneas como las hormigas y mullidita como el nido y con olorosas flores. Eso si, puso un cartel para que otro despistado no okupara su casa. Decía así:

   “Aquí duerme Faustino, el gnomo cantamañanas.”
hada AURORA
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